La raíz del odio
Por Víctor Sampayo
Pensaba en Danilo Kiš, o mejor dicho, en esa idea de una enciclopedia que albergaría minuciosas biografías acerca de gente sin una pizca de celebridad. Y al igual que la mujer que busca los pormenores de la vida de su padre, me gustaría rastrear los detalles que forman la existencia de algunos de esos transeúntes que uno se encuentra en cualquier caminata cotidiana.
Hace tiempo, por ejemplo, entre la muchedumbre del metro, de pronto choqué hombro a hombro con un tipo que ostentaba unos músculos de proporciones anabólicas. El hecho de que alguien físicamente inferior como yo lo hubiera hecho trastabillar, resultó más fuerte que él y que sus músculos, porque de inmediato se puso a odiarme con una estridencia que muy pocas veces he visto. Lo supe por la mirada que me arrojó, y porque en seguida me hizo señas y rechinidos de dientes para instarme a que me apeara del vagón y él pudiera golpearme hasta que los nudillos le dolieran; pero yo me quedé entre los apretujones del interior y lo miré con un gesto de total aburrimiento –aunque por dentro, mi valentía era una liebre que temblequeaba en posición fetal debajo de un periódico viejo.
Lo curioso de todo es que el tipo nunca alzó la voz, como si a pesar de todo una especie de vergüenza le impidiera dejarse invadir por la ira. Se quedó cejijunto, mirándome a través del cristal mientras el tren avanzaba. Seguramente se desquitaría con el primero que se cruzara en su camino, lo cual no era nada difícil siendo la hora pico.
Ese mismo día me habría puesto a revisar su biografía en la Enciclopedia de los muertos, retrocedería algunos párrafos, antes de aquellos que narrarían su encuentro conmigo, hasta llegar a la descripción de su adolescencia, muy probablemente frágil, al miedo morboso que seguramente le provocaba la idea del dolor físico, el posterior deslumbramiento de los gimnasios y las inyecciones, el amor por los espejos; el giro de la rueda, digamos. Pero me acabo de acordar de que la Enciclopedia de los muertos sólo funciona cuando la persona muere, ya que solamente entonces una secta secreta publicará su biografía. Pequeño detalle que daría al traste con todo.
Publicado originalmente en Rey Mono
@elReyMono










el odio que podemos encontrar en los seres humanos da miedo mas miedo que encontrarse con dios ,porque dios sabe perdonar pero los seres humanos no, y siempre guardaremos un enorme rencor por quien nos hace daño o simplemente nos mira feo.el odio pudre, muchos seres humanos ya estan podridos solo falta que empiecen a odiar para comenzar a apestar.
Y además nos acecha por doquier, en cada recodo del camino…
Lo cierto es que no deja de sorprenderme el comportamiento humano. Aunque, a pesar de que ese humano adornado con músculos, tuviera una adolescencia complicada, no justifica que desprenda violencia cuando el resto de humanos, tropiecen en un vagón de metro repleto de gente.
Lo que más me gusta es tu capacidad de quitarle hierro al sunto…
Saludos,
Gracias por el comentario, Astrae. La cosa es que ante esa clase de cosas yo prefiero emplear una visión oblicua, que saque a relucir las innumerables ridiculeces que llevan consigo. Quizás es una forma de vacunarme contra la solemnidad de la vida. No sé.
Seguramente todos esos tipejos tienen un pasado en el que se los traían de encargo y ahora buscan desquitarse como sea.
Siempre los ha habido y siempre los habrá.
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