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Defectos de la felicidad

13 January 2012 515 Vistas 6 comentarios

Recuerdo que en una ocasión, mientras pasaba mecánicamente los canales del televisor en espera de algo interesante, caí en un programa estadounidense de viajeros que describían las zonas más turísticas de Estambul, sin profundizar en ningún aspecto social o cultural de tan antigua urbe. En algún momento, uno de los conductores del programa, siempre con una cara de estar «pasándolo súper», pese a estar sólo caminando por una calle, intentó entrevistar a una mujer que pasaba por allí cerca. Le preguntó acerca de su lugar favorito en la ciudad, y la mujer, sin detener su marcha y con semblante hosco, le respondió, en perfecto inglés, que no tenía tiempo para «eso». El conductor, sin deshacer su sonrisa pero íntimamente ofendido, le exigió (un poco en broma, un poco en serio) que por lo menos sonriera porque estaba ante una cámara de televisión, a lo que la mujer, sin sonreír ni detenerse, le preguntó si en Estados Unidos la gente sonreía todo el tiempo y por cualquier estupidez, dejando a nuestro conductor azorado y con el micrófono colgándole en la mano.

Es curioso que la desafiante hosquedad, ostentada sin timidez por la mujer, fuera más honesta que la frágil felicidad que el conductor se desvivía por aparentar como resultado de una exigencia social –trato de imaginar, por otra parte, el efecto que provocaría en los espectadores un canal de televisión en el que los conductores estuvieran todo el tiempo con la cara congestionada de quienes se dedican a odiar el mundo, o por lo menos a pasarla mal–; pero la cuestión no se detiene ahí, porque si pensamos que la clave del capitalismo es que nada debe satisfacer a la sociedad, y por ende, constantemente deben creársele nuevas “necesidades” –por lo general idiotas– mediante la publicidad, entonces todos estamos condenados a buscar esos petardos de alegría que nos alejen de nuestros mayores enemigos cotidianos: la tristeza, el fastidio, los pensamientos indeseables, pero sobre todo la vejez, la cual no es más que una antesala del más terrible e irremediable de todos: la muerte.

Así que, la pregunta obligada sería: ¿realmente sirve de algo esa “felicidad” construida? ¿Es tan importante la manera en que los otros nos miran, o bien, nos juzgan, sobre todo a partir de lo que poseemos? En una sociedad como la nuestra, cuya mayor fortaleza es también su más grande debilidad, es decir, una sociedad en la que se crean innumerables “necesidades” para que el capital esté en constante flujo y podamos mantener a raya tanto al temor como a la miseria, parece que sí, que en efecto, hace falta parecer felices para estar cerca de serlo, y la manera más socorrida de lograrlo es adquiriendo cosas, muchas, todo el tiempo.

Soy consciente de que en esta vida no sólo es posible conseguir esa felicidad de cartón. Hay momentos fulgurantes e inefables que nos llenan un espacio que no siempre logramos localizar en nuestras entrañas. Sin embargo –sí, buenas gentes, siempre hay “sin embargos”, por más que pongan esa cara–, eso no quiere decir que la felicidad tendría que ser el fin último de esta existencia. Y además, de la manera en que nos la venden por todas partes, como si fuera una especie de lacayo pronto a presentarse ante nosotros y quedarse de manera indefinida a nuestro lado, hasta que podamos decir en la más avanzada vejez: “Sí, yo soy de los que consiguió sujetar por los cabellos a la felicidad”. No me gusta contradecir un lugar común que la mayoría de la gente guarda en su corazón, pero, tal como lo hace ver Solzhenitsyn en Pabellón de cáncer, ¿acaso no es feliz el criminal cuando comete una vileza de tintes exquisitos? O el animal rapaz, ¿no será feliz cuando, por ventura, logra hincar sus garras o sus colmillos en su presa…? Sí, lo sé, lo sé, con esto sólo se complican malditamente las cosas. Pero, ¿qué esperaban de mí, que les resolviera la vida en un simple post?

Por favor.

 

@elReyMono

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6 comentarios »

  • Fernanda Alejandra Ramos Corzo dijo:

    ¡Qué bellamente descrita está la paradoja de la felicidad en tus líneas!, es verdad, parece que su consecución es inversamente proporcional a los bienes materiales que poseemos y aunque no puedo eximirme de los imaginarios que el capitalismo exitosamente ha implantado en mi cabeza, esas necesidades de “eso es lo que siempre había querido” resultan en una sensación de vacuidad que se reemplaza fácilmente con cualquier otro deseo y así al infinito… sí, como al infinito me estoy extendiendo, yo sólo quería agradecerte porque me gusta como escribes y esa felicidad no es vacua, ni inexistente, mucho menos defectuosa.

    Saludos
    @vesanya

  • Mariel dijo:

    La felicidad depende de cada ser en el mundo, felicidad es libertad, ¿Quién es libre realmente? Al pertenecer a “algo”, nadie lo es. Arte es una aproximación a la libertad, luego, por ello puedes ser feliz, a ratos prolongados, a ratos menos, jamás por completo. Efímero momento que se mantiene en la obra, pues perdura a los ojos de quién a través de ella experimenta una catarsis, aún si el artista muere. Somos seres sensoriales, prolongamos al recuerdo esas sensaciones, aún si la obra se destruyera, la recordaríamos, y volveríamos a experimentar la felicidad (efímera). Entonces, feliz es aquel que crea y aquel que hace propia la creación del otro, y luego la comparte, y quizá, animado también por esta expresión visceral, se vuelve creador de su propio arte, es la develación de la verdad, es el sentido real de las cosas. Al final, hablas de resolver la vida? Por favor. Si es sarcasmo(no lo entiendo) Pienso que tu cierre del post es para zombies, yo que no espero, al final esperaba si, pero más argumentos.

  • Víctor Sampayo (author) dijo:

    Muchas gracias, Fernanda.
    Me alegra que hayas dejado ver un poco más de ese rostro de peluche ;)
    Un abrazo.

  • Víctor Sampayo (author) dijo:

    Mariel:
    Primero que nada, hartas gracias por tomarte el tiempo para escribir tus reflexiones: no siempre se encuentra uno con semejantes y luminosos cuestionamientos.
    Tienes razón en lo de mi cierre, aunque no sé si éste es el mejor medio para seguir una argumentación que podría continuar sin gran fecundidad. Sin embargo, hay algo nebuloso en tu comentario cuando hablas de que “la felicidad es libertad”, lo cual podría generar un sinfín de contradicciones si lo vez con más detalle, sobre todo porque la felicidad ese “efímero momento”, como lo llamas, y que experimentamos pocas veces en la vida, tendría que ser quizás más constante que efímero, al menos para quienes se saben libres en el sentido que tú mencionas.
    Por otra parte, dices que el arte es una aproximación de la libertad, con lo cual estoy de acuerdo, pero no tanto con la derivación que haces, porque el arte no necesariamente nace de la felicidad, y mucho menos está allí para generarla. El arte (sea el que sea) puede nacer de muchas sensaciones o experiencias, entre las cuales, por supuesto están las epifanías (que, ojo, no son por decreto una encarnación de la felicidad), pero también puede nacer del odio, la venganza, la ira, el asco, el amor, el aburrimiento, la maldad, el dolor, la muerte, la sensualidad, y un largo etcétera que sería tedioso enlistar. Hay artistas que hablan incluso de lo difícil (por no decir imposible) que es crear una obra que valga la pena a partir de la felicidad, en particular porque la felicidad propia nos puede parecer sublime, pero para los demás es casi seguramente cursi, ¿y entonces cómo hacer para retratarla sin que parezca un bodrio meloso y ñoño?
    Para terminar, y regresando al meollo de mi texto, yo cuestionaba que la felicidad fuera el principal objetivo de nuestra vida, sobre todo si tomamos en cuenta que la felicidad no es exclusiva de las “almas bondadosas”; de ahí los ejemplos que puse acerca del criminal o del animal de presa, que acaso también experimenten felicidad, aun cuando sus actos, sobre todo en el caso del criminal, son moralmente dudosos; es decir, si haciendo el mal alguien consigue la felicidad, ¿es entonces posible que ésta sea el máximo objetivo de la existencia?
    Muchos saludos.

  • JuanPa dijo:

    Nunca había pensado que la felicidad pudiera tener tintes morales :P

  • Víctor Sampayo (author) dijo:

    Es cosa de voltearla y mirar la etiqueta de instrucciones :)

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