Las sombras de la caverna »
Recordaba este relato de Monsiváis. Lo releí con grandes risas, y ahora lo comparto con ustedes:
Eran los días últimos de Tenochtitlan. Crepitaban las flechas y volaban de un oído a otro los augurios. Frente al teocalli alguien repetía lúgubremente: “Con esta triste suerte nos vimos angustiados”. Los cadáveres se ordenaban en túmulos piramidales, y el mismo Templo Mayor parecía un difunto de forma caprichosa. Axoyotzin, el más confiable de los leales al emperador Moctezuma, fiel como un cuchillo de pedernal, buscó a su amo. No era fácil hallarlo entre ruinas, …
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Los libros no fallan. No me refiero a uno en particular, mucho menos a esos autores que suelen considerarse favoritos. No. Me refiero a los libros como quien se refiere a los árboles, los cielos o las estrellas, en especial por esa maravillosa facultad que tienen para diluir la soledad, o en todo caso para hacerla más “poética”, para convertirnos, mediante un movimiento alquímico, en uno de los personajes que los pueblan. Pero no sólo diluyen la soledad, además son capaces de dar rasgos épicos a la vivencia más anodina …
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Hace unos meses releí, después de muchos años, el pequeño relato “El demonio de la perversidad”, de Edgar Allan Poe, en la traducción de Julio Cortázar. En la primera lectura tenía menos de dieciocho años, estaba descubriendo apenas, tardíamente, el mundo de los libros y buscaba por sobre todas las cosas lecturas dañadas, aunque si alguien me hubiera preguntado acerca del significado de esa palabra, no habría podido explicarlo más que por alusiones inconexas: algo como Kafka, como Quiroga, o ya de perdida como Lovecraft. Por supuesto, en ese entonces …
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Libro de los Pasajes de Benjamin, página 422. Me encuentro con estos dos fragmentos a propósito del vagabundeo. Disfrútenlos:
La calle conduce al flâneur a un tiempo desaparecido. Para él, todas las calles descienden, si no hasta las madres, en todo caso sí hasta un pasado que puede ser tanto más fascinante cuanto que no es su propio pasado privado. Con todo, la calle sigue siendo siempre el tiempo de una infancia. Pero ¿por qué la de su vida vivida? En el asfalto por el que camina, sus pasos despiertan una asombrosa …
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… que esto les ocasiona, pero el titular de Las sombras de la caverna ha sufrido algunos problemas creativos (a decir verdad, está padeciendo los terribles efectos de un resfriado que intentó disipar con ingentes cantidades de mezcal) a la hora de elaborar su entrada de esta semana. Por ello pide a los amables lectores de La Hoja de Arena que rueguen por su pronto y exitoso restablecimiento, así como por la paz del mundo. Mientras tanto, él luchará como todo un valiente contra las malévolas fuerzas que se disputan …
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Pensaba en la pereza. Esa regordeta y soñolienta actitud que me hace evitar los esfuerzos, sortearlos mientras permanezco en la seguridad de un sillón, acaso adormilando mi cerebro con alguna baratija televisiva, o entre los pliegues que forman las cobijas de mi cama. La posición supina y la manera en que a veces me entrego a la inactividad, bien sea a través de la contemplación obcecada y meticulosa de grietas en los techos, de manchas en las paredes, de los patrones en la diminuta textura de mis manos, o bien …
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Aquellos años de vagabundez habían estado marcados por una necesidad de alejamiento de los dominios paternos, de aquella vieja rutina marcada por un autoritarismo sin más pretensiones que mostrar simplemente quién estaba al mando de ese microuniverso que era nuestro hogar: “Cuando tengas tu casa, podrás poner las reglas que te den la gana, pero mientras estés en la mía, harás lo que yo diga”. Así rezaba esa vieja sentencia que cada tanto salía de sus labios con una voz atronadora, de indiscutible patriarca, y que encorvaba la espalda de …
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No puedo evitarlo. Cuando empiezo a hablar de escritores, siempre adquiero una figura corporal que, aunada a un tiple un tanto gangoso, suele sacar de quicio a más de uno. En aquella ocasión, charlando con esta mujer bellísima, chillaba yo con voluptuosidad acerca de La Cultura, El Estilo, La Forma, El Lenguaje, y pronto los grandes nombres comenzaron a salir de mi boca en ráfagas que descomponían ligeramente su exquisito peinado: Tolstoi, Joyce, Camus, Cortázar, Paz…
Sin embargo, después de sorber con un ruidillo burbujeante mi taza de té, que para …
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A veces a mí mismo me sorprende mi necedad. Ignoro si es una virtud o un defecto –supongo que depende de las circunstancias–, pero lo cierto es que me acompaña siempre, a todas partes, en todo momento. Cuando, por ejemplo, estoy en compañía de amigos y de litros de cerveza, mi necedad se vuelve una carga difícil de sobrellevar, sobre todo si alguien aborda un tema que, por casualidad, he tratado de cerca. Si entonces esa persona se pone a decir sandeces o lugares comunes, algo sucede en mí, como …
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Es quizás el episodio más conocido de don Quijote de la Mancha: tras tomar las armas de caballero andante para socorrer viudas y desfacer entuertos, encuentra rápidamente a sus primeros adversarios: un ejército de desaforados gigantes que, bajo la apariencia de molinos de viento, amenazan a la gente de bien. Él no está dispuesto a permitirlo y por eso los desafía a una fiera y desigual batalla de la que saldrá maltrecho y terriblemente apaleado, aunque con el honor intacto de quien sabe que su deber pudo haberse cumplido a …
